Las primeras palabras de la canción ¿Quién me ha robado el mes de abril? del maestro
Sabina sirven para ver un poco de la realidad de Málaga. La capital de la Costa del Sol
siempre se ha distinguido por sus muchas tabernas, y hoy no es más que un triste sueño
para quienes aman de verdad su ciudad. Fracaso sería la palabra más acertada para el
ocaso de una ciudad que intentó aparentar más de lo que fue.
El gran fiasco cultural se inició con el fin del extraño sueño de la Capitalidad Cultural
de 2016. La sensación general fue la de un comisario de exposición que se queja y
se cansa de montar una muestra, haciéndolo con desmotivación y dando lugar a un
resultado que dejó mucho que desear, y que poco público visitó. Casi el mismo que lo
hizo con Art Natura, el esperpéntico circo de Tabacalera.
“El museo que no existe”, definió el pasado verano el concejal de Cultura, Damián
Caneda, a la joya de la corona que jamás contemplará la ciudad. Hoy puede reafirmarse
con el museo que nunca existió, al igual que lo hará el Soho, un barrio cultural en el
que las señoritas de compañía siguen viviendo su agosto escondidas tras puertas con
mirillas, aunque den a la calle.
Del Soho al proyecto cultural del Muelle Uno, más semejante a un Puerto Marina de
tiendas y restaurantes caros por el que los malagueños pasean sin pararse a mirar, ya
que la cosa no lo permite. Si volvemos al centro, el Museo de Arte Sacro cerrado, un
Arqueológico que está en los planos pero que la política lo sacará de allí para dejar un
planteamiento y un gasto público tirado por los suelos… la cultura malagueña huele a
fracaso.
Por desgracia, la imagen cultural no es lo único que ha llevado a Málaga al declive triste
actual. Un Metro movido por la pugna Ayuntamiento-Junta que acabará convirtiéndose
en un BRT en la línea de El Palo. Un carril bici que no da a ninguna parte, a la espera
de ver por dónde podrá seguir algún día su recorrido de ensueño copado por coches.
Un Centro Histórico que aún espera a la fuente de la Plaza del Siglo y que teme que el
Hoyo de Esparteros pase a ser un edificio gris de Moneo, que se pasa el PEPRI Centro
por… el Hoyo de Esparteros. Una marquesina de la Estación (A.K.A. Vialia) que se
perdió entre los mismos hierros que la portada de la Feria de Chicano, y por la que
nadie ha vuelto a suspirar.
Esa es la Málaga que no aparece en los pregones de Antonio Banderas ni Pablo
Alborán. La misma ciudad que espera que seamos los malagueños quienes hagamos lo
mejor por ella. Presumamos de ciudad, pidamos a quienes la gestionan la ciudad que
realmente queremos, dejémosla limpia y guapa, vivamos sus tradiciones y, sobre todo,
aprendamos a ser malagueños de la tierra, sin escenarios de una Málaga futura falsa que
se acabará convirtiendo en la posada del fracaso.
J. L. P. Cerón
lunes, 23 de enero de 2012
La posada del fracaso
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